Desaparecer

Me di cuenta de que los escalofríos son más fuertes e invaden mi alma.

Los pensamientos me torturan más de lo que deben y no puedo borrarte por horas.

Los sonidos me presionan para imaginar que estás delante de mí y eres una sombra.

Los recuerdos me hacen soñar eternamente y no controlo el tiempo.

Me da miedo desaparecer en tus pensamientos, entre el sexo manual, libros, y tus escritos nadie nunca me escuchará.

Eres de acero con cara dulce, hablas con gentileza pero tus pensamientos son tormentos, y más cuando los exteriorizas, ves la vida pero inventas actuaciones con los ojos cerrados.

Me desapareciste de ti y no sé dónde estoy.

Visión rosa

Vestida de princesa mis pies se articulaban para ubicarse uno detrás del otro. Mi cara de confusión crecía conforme mi rostro era abofeteado por el viento helado de una triste primavera que se despedía.

Llegué, no pude decir a dónde pues no lo sabía, sólo era consciente de que el vestido me reventaba los poros y era tal la comezón que tenía que ingeniarme para apoyarme en las paredes y rascarme.

Perdida en un salón donde gatos, súper héroes y criaturas mitológicas intercambiaban fluídos corporales. No conocía a nadie y un sin número de puertas compactadas aludían a paredes altas, acaso nadie lo notaba, miopía crónica se dibujaba en los rostros enmascarados ocultando su verguenza y rompiedo reglas.

Logré caminar hacia un pasillo y robar una botella, me senté detrás de la cortina a beber. Las horas pasaron muy rápido y nadie había notado mi desaparición, cuando las últimas gotas terminaron de rozar mi lengua, mi cuerpo ya se levantaba para ir en busca de otra. Me acomodé el vestido, y camine tambaleándome al compás de la música que se había vuelto lenta. Una pareja salió corriendo, al empujarme, mi mirada pudo percibir la sensación de ese beso presionado contra la pared bañado en lujuria.

Cerré los ojos y caminé hacia la mesa, no quedaba mucho para sedarme otra hora más, así que me arriesgué a buscar en algún despacho o bodega. Empecé caminando por los pasillos largos, cada uno era más profundo que otro, ahogaban las otras voces, me ahogaban de los demás. Encontré una puerta, era una biblioteca y encima de la mesa del rincón había un whiskey, me pareció suficiente y la habitación me aislaba. Entré y cerré la puerta.

Mientras me servía un trago un murmullo pesado se extendía, miré a mi alrededor y era un tipo viendo desde la ventana a los demás invitados del baile, sus pantalones adornaban sus rodillas y se tocaba con mucha precisión. Tragué todo el líquido esperando que me despertará un poco, sin embargo me hallé caminando hacia el tipo, con el vestido abierto por la espalda y sin ropa interior, lo incliné hacia atrás, sujeté su miembro y me lo introduje por detrás.

El alcohol me dejó en esa esquina cubierta por la cortina, mis pies no articulaban y mi cabeza nunca había estado tan lúcida.

 

Olvido

Ahí se guardan las carpetas vacías junto con el paraguas y unos cigarrillos sin fumar,

cierro los ojos para imaginar que soy alquimista,

abro y cierro ese cajón esperando que los elementos se fusionen.

Abro y cierro ese cajón esperando que la historia de cada uno de esos elementos

entreguen su pasado al olvido.

 

 

Todavía

Todavía no logro dormir

la oscuridad me aturde con tu ausencia

los malos recuerdos se apoderaron de esa noche en la terraza,

y de esos besos frente al río.

 

Todavío no logro caminar por las calles

porque la intranquilidad me acecha

los pensamientos que llevan tu nombre

son nostálgicos y llenos de mentiras.

 

Todavía no logro respirar

se vuelve díficil cuando mis lágrimas no encuentran espacio

solo en la madrugada que siempre está fría

porque durante el día se tragan con amargura.

 

Todavía no logro limpiar tu olor

se quedó en mi cuerpo y en mi cama

las duchas calientes ya no ayudan

porque navegas en mi esencia.

 

Todavía no logro deshacer tus palabras

retumban en mi mente

como una orquesta fúnebre

me producen naúseas y dolor de barriga.

 

Todavía no comprendo tus razones

quiero mentirle a mi propia certeza

y a mis especulaciones que se volvieron reales

con tus acciones, con tus secretos.

 

Todavía no logro descifrar

porqué a pesar de buscarte

no pudiste buscarme

porqué a pesar de soñar

de nuevo contigo, no lo hiciste.

Porqué a pesar de demostrar

que te amaba,

simplemente no lo sentiste.

 

 

 

 

 

Una copa de vino.

Las sombras moldeaban la silueta de las uvas que estaban en el centro de mesa,

la casa vacía era un desierto provocativo para las delicias que se retorcí­an jugosas e inertes.

Su cuerpo era una invitación para devorar, un terreno perfecto para la gula y la lujuria.

El aroma que se desprendía de las uvas verdes que adornaban sus pechos eran ácido, como el sudor, quemaban sus papilas y ardían las llagas creadas por las ganas de su yo espectador.

Había recostado el cuerpo sobre la mesa negra, las uvas más oscuras se esparcían sobre su vientre y abotonaban el ombligo complaciente a los besos. Cada beso abierto consumía las migajas de ese viñedo esparcido, las succionaba lentamente para que ninguna se perdiera . Los minutos y los sabores se mezclaban para la decadencia de los estándares.

Clima mental.

Como la brisa huracanada van mis latidos,

cuando tu rostro se delinea en la comisura de mis manos.

Y se escuchan los truenos que latigan,

cuando la noche se vuelve profunda

Y mis pensamientos flagelan mi razón.

 

Como gotas pesadas cae el sudor que abraza mi torso,

la fuerza contiene las ganas de fundirme en ti,

Y vas marcando la paciencia para sentirnos.

 

Sopla el viento latente que corta el cuerpo,

Que seca las mucosas de mis ojos,

que aún tienen ganas de llorar.

Que parten los labios,

formando caminos en la carne viva.

 

Como gotas pesadas cae el sudor que abraza mi torso,

la fuerza contiene las ganas de fundirme en ti,

Y vas marcando la paciencia para sentirnos.

 

Y luego sale el sol para entibiar mis tobillos

Para abrazarme las veces que no estás,

Junto con los destellos del río que sonríen

Y prometen mi bienestar

hasta que la temperatura marque 20º en mi cabeza.

Luces y suposiciones.

La esperanza se vuelve efímera cuando poco a poco la vida se vuelve cruel y un sin sentido va creciendo en la realidad. 

Las personas aparecen y desaparecen como luciérnagas en una oscuridad temida, en una oscuridad amada. 

Los actos de magia que en cada circunstancia nos sorprendían se desprenden de la memoria y así se olvida lo especial de la vida, y así se marchita. 

Pero de repente una luz es permanente, está en la oscuridad y en la luz del día. 

Una luz que resplandece para mostrarnos que en ese brillo tibio hay un sentimiento puro. 

Una luz que empalaga los sentidos para enseñarnos a comprender la libertad que ya poseíamos, y que manteníamos con candados sin seguros.

Y cuando esa luz toma un nombre y es razón suficiente para una sonrisa coqueta, que nadie alrededor entiende; el sin sentido de esa realidad no importa más.

Y cuando sabes que en la oscuridad esa luz tiene brazos y te arrulla para darte fuerzas; en ese abrazo hay calma y paz aunque todos hayan desaparecido. 

Y cuando a pesar del pronóstico quieres que esa luz sobreviva a pesar de todo porque es esperanza, y porque sobre todo, sientes, que por primera vez es amor real. 

Y entonces cuando todas esas razones aparecen, las dudas desaparecen, 

y los sueños se avivan,

y las palpitaciones quieren arriesgarlo todo, 

porque amas de verdad.

Conversaciones con la vagina: manchas que delatan.

La calidez del sol entró por la ventana, y se recostó sobre los cuerpos que estaban en la cama, sus posturas se habían sincronizado y una alarma atromentaba el pulso haciendo saber que las horas se habían consumido. Uno de los cuerpos se movía esperando despertar al otro para darle una última mordida, era un juego tierno pero vacío y complaciente de alguna manera. Ella tomó su ropa y se vistió, cuando fue al baño se dio cuenta de que su ropa interior le notificaba que se había adelantado su periodo. Miró la base del calzón y se rió para ella. Pensaba que era la mejor forma de romper con las ansías del siguiente mes, porque por alguna tonta razón, todas las mujeres pensamos que quedaremos embarazadas sin previo aviso. Le dijo a su vagina. ¡Que eficiente te has vuelto!

Mientras caminaba para buscar una parada, sentía el roce del papel higiénico que funcionaba como contenedor, ¿Por qué? Le decía enojada a su entrepierna, no podías esperar a llegar a casa. La comezón del roce era la respuesta más cínica que podía recibir. Alcanzó el colectivo, y se subió, caminó hasta el fondo esperando que nadie viera su ropa interior, y no por vergüenza a que le vieran el culo, sino por vergüenza a que vieran la mancha de sangre. Es que la sociedad le había dado permiso, estaba bien mostrar los calzones siempre y cuando no estuvieran manchados, porque eso estaba mal. Se sentó en el último puesto, durante los primeros cinco minutos, lo único que rogaba era que su “contenedor” realmente la contuviera. Conforme avanzaba se fijo en un detalle vago, en la parte de atrás del colectivo una vibración especialmente agradable se sentía, nunca se había dado cuenta de lo entretenido que podía ser un viaje si una se concentraba en este pequeño brinco que presiona ahí, donde a todas nos gusta. Ella estaba impaciente, porque la vibración se sentía realmente bien, le recordaba lo que había estado haciendo unas horas antes, y es que las mujeres también nos calentamos todo el tiempo. Entre la excitación de ese secreto que nadie más percibía, la preocupación de que todo estuviera resbaloso y húmedo empezaba a molestarla. Ahora no, por favor pedía a suplicas con sus pensamientos, como si pudiera mandar la orden directamente a los montes del sur. Pero hace mucho que se había independizado esa geografía de su cuerpo, sobre todo porque ella misma le había dado permiso para sentir.